Buenos días :). Después de la encuesta que os hice hace un tiempo vi que, aunque no a todos, a muchos os gusta leer mis experiencias con Paula. Pues sentaos y preparad café calentito (u horchata con fartons, que estamos en verano), y preparaos para una lectura entretenida y sincera.
Empezaré por el principio. Cuando Paula nació, creí que era un bebé bastante estándar. Era duro atenderla siempre, llevarla en brazos 24 horas (de las que 22 eran además pegada a la teta), y no poder hacer nada ni siquiera cuando ella estaba dormida (porque si la dejabas en la cama, siempre lo notaba y se despertaba). Pero eso era lo normal y lo esperable, ¿no? Después vino mi madre de visita, y empezaron mis sospechas. A ella no le parecía muy normal esto que cuento... según ella, mi hermana y yo, y también mi sobrina que va a cumplir 2 años pronto, podíamos dormir solas en la cuna, o estar despiertas un ratito solas y sin llorar (más de 1 segundo, al menos). Yo empecé a sospechar que Paula era un bebé diferente... y que atender a un bebé era siempre duro, pero por lo visto había distintos niveles.
Al mes de nacer Paula más o menos, me animé a salir de casa. Empecé a quedar con otras mamás que había conocido en el curso preparto, que ya habían tenido a sus bebés, y mis sospechas se confirmaron. Había bebés que se dormían solos (pocos, pero había) y había bebés que se dormían en brazos y luego podían quedarse en cualquier superficie rodeados de ruido y durmiendo sin problemas. Había incluso bebés que tras dormirse en brazos necesitaban un silencio absoluto para seguir dormidos si los soltaban en la cama. Pero no había ningún bebé que solo pudiera dormir sin llorar en brazos... y durante toda la siesta. Bueno, sí había uno. Paula.












































